Aunque lo utilizamos a diario y estamos íntimamente relacionados con él, pocas veces nos detenemos a analizar el concepto educación. El vocablo procede de dos palabras latinas: educare, que en sentido estricto quiere decir dar forma desde fuera, y educere, cuyo significado es extraer. Desde tiempos remotos y hasta la fecha, la educación se entiende como el proceso por medio del cual el individuo adquiere los conocimientos, valores, costumbres y actitudes necesarios para su desenvolvimiento en la sociedad, guiado por otras personas.

A pesar de la universalidad de este concepto, los métodos, fines y preceptos sobre los que descansa la educación no son generales: existe una amplia gama de opciones y modelos educativos que varían según su orientación cultural, ideológica, ética y filosófica. Con el objetivo de establecer cierto orden en la educación a nivel mundial, en 1945 se fundó la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés), organismo que a la fecha valora, certifica y norma la educación a nivel global.

A lo largo de su historia, la UNESCO ha promovido no solo mejoras en los sistemas educativos oficiales, sino que también ha incluido otras alternativas para el óptimo desarrollo de la humanidad. A la fecha, este organismo reconoce tres modelos de sistemas educativos:

  • Educación formal. Es aquella diseñada, aprobada y ejecutada o supervisada por los organismos gubernamentales. Su objetivo básico es formar ciudadanos funcionales, es decir, que posean los conocimientos mínimos para desenvolverse en sociedad y contribuir a la continuidad de las naciones. En nuestro país, este sistema educativo está conformado por la educación escolarizada y abierta en todos sus niveles: desde el prescolar hasta los posgrados.
  • Educación informal. Se entiende como el conjunto de conocimientos, costumbres, valores y actitudes adquiridas por el individuo a través de la convivencia con otros miembros de su sociedad y, también, a través de las acciones cotidianas. Por su naturaleza, no cuenta con programas ni métodos, sino que se aprehende a través del tiempo, la acción y las circunstancias de cada grupo social o individuo.
  • Educación no formal. La UNESCO la define como “toda actividad educativa organizada y duradera que no se sitúa en el marco de los sistemas educativos formales”. Este tipo de formación regularmente está desarrollada por agrupaciones civiles, desde colectivos artísticos hasta Organizaciones No Gubernamentales y, como es nuestro caso, Asociaciones Civiles. Sus métodos y programas son muy diversos y flexibles, pues persiguen objetivos diferentes.

Nuestro proyecto educativo, no formal, está fundamentado en tres ejes básicos que vertebran todas las acciones que como scouters debemos no solo comprender y dominar, sino también poner en práctica. Estos ejes nos permiten dar solidez a los ideales construidos por Baden-Powell, pero también incluir algunos constructos pedagógicos posteriores a su obra. Del mismo modo, nos permitirán analizar con ojo crítico qué tan válidas, congruentes y vigentes resultan nuestras acciones para alcanzar ese maravilloso objetivo: dejar el mundo en mejores condiciones de como lo encontramos.

Los tres ejes que vertebran nuestras acciones son:

  • Eje filosófico. A través de este primer eje planteamos, de manera ideal, una meta a seguir, una forma de vida particular y una interacción con el entorno, es decir, un Objetivo, un Plan y un Modelo humano. Cuando decimos que dichas aspiraciones son ideales, no queremos decir que son irrealizables o utópicas, sino que sustentan nuestras acciones en el plano del pensamiento: esto es, se les considera, más que una forma específica de proceder, un anhelo, una misión.
  • Eje ético. Desde su creación, el escultismo ha brillado por ser una opción educativa que busca erradicar los comportamientos perniciosos para la sociedad y el individuo; resaltar aquellos que operan en su beneficio y orientar la conducta de quienes participamos de él, adultos o muchachos, no solo como personas que hacen lo correcto, sino que se convierten en agentes de cambio. Esto no sería posible sin la existencia de una sólida tabla de valores, cuyo sentido último es el amor al prójimo y la creación de un mejor futuro para todos. Así pues, Scouts México fundamenta su eje ético, es decir, su código de conducta, en cinco conceptos clave:
    • Principios Scouts
    • Educación en valores
    • Educación para el amor
    • Juego democrático
    • Servicio a la comunidad
  • Eje pedagógico. Todo lo anterior no es posible sin contemplar una forma de transmitir los conocimientos y enseñanzas. El escultismo, además de entenderse como un movimiento humanista, es primordialmente un movimiento educativo. ¿Por qué? Por el simple hecho de que aquellos que hoy son jóvenes tendrán el futuro de la sociedad en sus manos. De esta manera, nuestras acciones tienen también un fundamento pedagógico basado en cinco premisas:
    • Etapas del desarrollo humano
    • Coeducación
    • Objetivos Educativos
    • Programa Scout
    • Método Scout

Estos tres ejes de acción permiten a Scouts México tener un punto de partida sólido pero sensible a las transformaciones de nuestra sociedad. No solo eso: también nos permiten ser parte de dichos cambios.

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